25 de noviembre de 2012

a-tormenta/do.

                                                                                       
Ha visto mil faros nacer con un golpe... de suerte bajo el brazo,
para extinguirse, después, esfumados entre estrellitas de medio pelo. 
En procesión, marcharon, dejando su firma de asistencia en el barro,
detrás de aquella vida que sonaba un poco a baile de salón entre Hendrix y señora, la guitarra. 

Recitaron plegarias condenados a la eterna afonía del que pide aprender a volar,
solo por rozar con las yemas unas mañanas de mujer; fatal, claro.
Enredadas en la melena, se quedaron todas esas odas a la misma existencia; 
diez sueños en espera y otros tantos tipos con nombre y apellidos,
salivando de ganas.

Y aunque, los tímpanos impares siempre estuvieron ahí,
como ojitos "izquierdos" pitando porque sí; para joder,
como una sirena de fin de patio a las doce menos cinco; o como las de mar;
siempre supo que el odio besa, únicamente,
para dejar el mal sabor de un olvido atragantado en boca desconocida. 

Quedan mil orejas colganderas, en todas las paredes de este mundo
y aún más aprendices de brujo buscando su aguijón en un pajar de pérdidas,
y perdidas, claro.
Porque si algo es evidente, es que no está el planeta como para pasear,
tan ricamente y sin un duro,
una felicidad como ésta; por lo menos, sin esperar repercusiones masivas de los que enfrentan a la desdicha con un vis a vis frente al espejo,
 diciendo:
"te quiero en mi equipo…
sólo porque me da miedo estar solo."

Y hay palabras, que son como el tercer cigarrillo de un insomnio fatal en el infierno;
como una filita de prisa a la espalda;
como una mecha en la retaguardia de la que solo sabes que al final te quemará.
Y eso es exactamente, lo que necesitabas.

Hay más felicidad que pena, leída entre cuerdas y cerveza (-> no es amor, es obsesión)
que se subleva con un simple chasquido a cualquier altura sintética,
o mente estúpida,
en busca de inspiración a cualquier precio. 

Hay impulsos huecos;
hay rencores fatales de sal sobre el hielo de la entrada a una vida,
y puertas cachas buscando tema a la salida de cualquier desamor,
o de cualquier bar.
Sí. Después de cualquier abismo que se precie,
después de cualquier camino,
y aunque en los bares de la capi, no le guste citarse con casi nadie,
hay paz; pero,

¿Eso es lo que andas buscando?


 Aquí hay de todo, como en Botica, señores; de lo que ya no sé si queda tanto en este mundo, es de los "túyyo" de antes y después de todo lo demás.







18 de noviembre de 2012

colorines

"Ojalá que se llame Amapola, que me coja la mano y me diga que sola no comprende la vida"


Y mientras yo aquí,  en medio de un revolcón de "causas perdías", cansados de cardos vestidos de tul y terciopelo y piel de ortiga. Con el valor rebosante escurriéndome entre los bolsillos rotos llenos de arena; agarrada a este ahora que se me ha clavado en el cuello como un dardo y moldea la curvatura de mi boca. Ojalá una cerveza deliberadamente suicida de amor,  o una cama sucia de viernes. 
"Somos siempre tú y mi vida", salvando el mundo, yo con tu vida frente a frente y la vida de los otros mirando celosos en busca de razones que no existen. Pero debajo de tanta luna y despedidas, vino y medias, esposados con el sol y entre peripecias y calles.. trueques por canciones, monedas por vilezas varias. Bastaba un mínimo de decencia que no quisimos tener, para salir ilesos de tanto algodón manchado, y me llevaste hacía la izquierda para que yo, espia y testigo, viera a los gatos con pendiente de aro, llorar jazz en mitad de la plaza. Entonces las manos fueron imanes, 
y los labios como canica y suelo.



12 de noviembre de 2012

L

Lo sencillo de nuestro juego es que solo tenía una norma: era un duelo a muerte; a besos o hachazos, pero nos ibamos a matar, y lo sabíamos.
"De algo hay que perecer" decías, mientras mirabas al suelo, desmontándome minuciosamente con esos ojos-paraguas, mojados, que ahora están cerrados por obras.
Me hartaban un poco tus manías, apretabas siempre desde abajo el tubo de pasta de dientes y no escribías si no era sobre papel cuadriculado; como tu vida hasta entonces.
Siempre has sido como un vidente ciego para tu propio devenir; por suerte siempre fui luz, y mechero. Y te alumbré. También la vida y entonces vimos que estaba llena de detalles estimulantes de mierda que no supimos aprovechar por inconformistas. Por eso elegí el caos, como manera más cuerda de habitar el planeta.
Te pegué la propensión nata a los líos inverosímiles y empezaste a vivir pisando las rayas y a cruzar en rojo los semáforos. De la mano. Y eso, flaco, crea adicción.
Nunca soporté el peregrinaje hacia la puta mediocridad de la perfección; paradojas de la vida siempre he llevado los zapatos rotos por gusto; me niego a aceptar lo "aceptable", no me gustan las condiciones, y lo condicionado(s) menos, ya sabes. Ni tolero la injusticia, ni me callo ante ella y no quise ser partícipe de ningún berzotas con poder, por eso te estropeé la brújula; porque te estabas perseguiendo a ti mismo hacia el abismo. Y tú, para devolvérmela, me ordenaste la existencia.
Justo entonces, me empecé a aburrir.
Por eso los Excells, siempre me han recordado a ti... ni los números se merecen un destino tan trágico que el de estar en una celda toda su vida. Nada está escrito, y si lo está.. ¿Qué importa? míranos ahora. El tiempo, tan amable como siempre, nos ha dado un par de canas y un diploma.. de razón a medias; ahora que ya no la necesito, ahora que el Karma es mi matón a sueldo.
La parte épica de todo esto fue que, evidentemente, solo podía quedar uno de los dos.
Fue un "Mis huevos VS los tuyos", el musical.
Siendo como miembros recíprocos del otro respectivamente, no sabíamos si prodríamos vivir amputados. Lo trágico es que pudimos, y después de ganar, en la sala de trofeos nadie te esperaba para darte una copita. El ron se lo pierde, por otra parte.
Solo quedaste tú y un espejo de cristal, Narcisillo.
Tres mil laberintos reducidos a cenizas, 500.. mil noches y unos cuantos paseos en dragón más;
mucha parfernalia; mucho miedo de volvernos a ver y cuatro años después dices que ni te atreves a invitarme a un café porque aún te tiembla la voz, porque aún te tiemblan las piernas.
Después de tanta vuelta, tiovivo y tirabuzón doble con coreografía, a mí me tiembla la moral y nunca me he quejado.
Cómo has (des)mejorado desde que te abrazas a cualquier almohada, cómo si se pudiera, elegir, querido; yo sigo esquivando cazadores, buscando siempre un poquito más de todo, que no es poco, lo que me dan.
Termínate esta birra de historia, que la espuma se está poniendo como la estopa y ya no hay quién se lo trague, ya sabes. Mientras, entre sorbo y sorbo, y aunque no esté allí, te escucharé decir a oscuras que la culpa es mía, que yo fui todo, y el daño también; que al fin y al cabo, mi nombre compuesto siempre será el del huracán que te devasta la existencia los domingos, que te mantiene vivo y mucho más, sobre todo, cuando empieza a llover.