3 de diciembre de 2013

12



Renací. Como cada día.
Sorbí el agua del vaso y después, sumisa, caí en la coreografía rutinaria de mis cadaunadas. 
Manos al cielo y de ahí al tronco. Dos veces.
Despertarse aunque se quiera seguir soñando, esa maldita pandemia, me dije: el tic-tac vital que acaba en TOC.
Revisé la agenda. Desde hacía poco había decido dosificar mi caos por días. 

La casilla en blanco lucía el correspondiente crespón de lunes. Por suerte me había despertado una hora antes y por fin no llegaría tarde al trabajo.
Luego de sentirme un gato, único ser despierto en toda la manzana, tuve que dar gracias a mi yo más analógico y su peculiar conflicto con el nuevo despertador: estaba amaneciendo. 
La alarma cantaba cíclica, como cualquier triunfito en la ducha. 
LUNES: destrucción masiva de tiempo libre, me dije, ¿me invadirán las tropas del invierno? Hay fríos tan afilados...
No sé muy bien cómo, fui a topar con mi ventana. Le bailé el agua a aquella persiana en huelga desde hacía dos semanas y cuando cedió apoyé la nariz en el cristal; noté el frío afuera. 
Dibuje un cuatro con la palma de mi pie sobre la rodilla. 
Mis ojos descalzos, sentaditos en el alféizar. 
Entonces vi el paso, transitorio, como todo en esta vida, del negro al día. Como un niño sentado por primera vez en la butaca de un cine me imaginé en medio de un intercambio fugaz de miradas. 
Éramos un cielo destiñendo y yo. 
Metafóricamente, pensé que el mundo me guiñaba un ojo. Así lo hace con todos, cada vez que amanece y seguimos vivos; abrirse; abrirnos. De seguido me soñé viviendo en unos con forma de árbol. En el salón de tu par de pupilas, por ejemplo, rotas como un saxofonista en mitad de un blues.
Tus ojos en contacto con los míos: cíclopes; rendidos. 
Única vía de contacto sin el piel&piel.
Ojos.
Hojas en blanco.
Ojalás que puedo tocar.

Por eso, me los imaginé sin color. Sabiendo de sobra que los hay azules insípidos que una vez recorridos ya no te suenan a mar. Que hay miradas que huelen a cerrado y no al eucalipto que en el primer vis a vis te hizo hiperventilar. Que también los hay negros, siempre al acecho como puertas de emergencia en los que tintinea un brillo que parece dibujar: 112. 112.
Y que como casi siempre, también hay más marrones que verdes. TODOS amaneciendo a destiempo; palpando la vida... Hice memoria y no recordé ningunos transparentes como los tuyos: ovillos que me hilvanan primaveras enteras a este lado de la ventana.

17 de noviembre de 2013

INTRO




Queridos pasajeros, sed bienvenidos a esta particular embarcación con destino a la plaza de la lluvia. Viajamos en busca del constante olor a café y poema recién hecho. Sea cual fuere la hora y el día dispondremos de 365 salidas escritas al daño y del ciclón de vida que nace en las manos de quien empareja términos que terminan, sin previo aviso, teniendo muuuuucho futuro. 

Disculpen el carácter atemporal del viaje, no sabemos cuántas puertas cerradas nos encontraremos todavía. Lo que sí les podemos adelantar, es que de la ventana auxiliar ya entra sonido a "tamtam" y el tequila está servido. A modo de recompensa ofrecemos cuatro o cinco historias semanales versionadas según lo dicte el día: paseo planetario, copa de ambrosía o cobijo anti cuitas. No duden en solicitar, si así lo desean, algún poema o videopoesía insulínico si algunas de las letras les amargan. 

Les recordamos que el mundo está muy malito y es probable que suframos aliteraciones y metáforas turbulentas durante el viaje. Que no cunda el pánico, aquí nos va el caos y la tormenta: nos gusta el descosido en su justa medida, respetamos mucho al roto, al vaquero, a la sonrisa. En cualquier caso, no se preocupen, están en las mejores manos: las PALABRAS; de esas que una vez que ven la luz y respiran, retumba un eco en la voz de quien las dice que suena a cañonazo recién bombeado. Y entonces canta una de Sabina, el corazón. 

5 de noviembre de 2013

Es()grima mental.

Un aviso para ti, navegante de mi cuerpo. Me sé de memoria las letras que vendrán; no son sino un recital de relámpagos particulares, una poesía vital en forma de luces rojas que ha venido a iluminar el cuarto pálido. Ya sabes, paredes, con pulmones, que laten.
Éste es un manual contra noches de frío. Primero, dialogarán las melancolías en el hemiciclo de tu cuello. Déjalas fluir. Desembócalas en un mar de impulsos; escríbelos después. Luego, el auto-abrazo, como si Shiva y sus mil extremidades se aferrasen al polvo que quede de ti y buscasen de un golpe tu asfixia. Átalas con la soga que ahora te arrastra el pulso. Sigue y resta la suma de esta espuma de mil noches que te está inundando el corazón. Haz rebotar las balas, son piedras de juguete, en el espejo y sin ambages, manifiéstate perdido en este  adiós; en este instante, como lo estoy yo.

Hazlo, antes de que las esquinas dejen de criar besos.
Antes de que a alguien se le olvide regarnos los futuros.

Antes de que sólo ser sirva, porque ser solo, será.

16 de octubre de 2013

desc. 1

Llevaba ojeras importadas del viejo oeste. Pantalón vaquero, a juego, paradójicamente. Melena anárquica y descuidada, cómo no. Tenía la piel color ocaso, jersey jaspeado y los ojos específicamente humanos; verdes, destilados.
Me recordaba a una puerta, entreabierta, que descubre un rostro famoso intentándose pintar la cara con violencia; color anonimato. Sería, soñaba, ciudadano de una nube interespacial lejos del conformismo: denominador común de las dolencias de casi todos los allí presentes en esa sale de espera.
Parecía algo loco. Algo desilusionado. Ingrávido.
Aquel desconocido me resultaba infinitamente familiar; como si le hubiese liado de mi tabaco el piti que sostenía en su oreja, como si él me hubiese liado a mí un sábado cualquiera. Un enigma de altura, tampoco demasiado alto. Le sentía "casa de árbol" como el vértigo que me acompañaba fielmente desde hacía unos meses.
Miraba fijamente la nada, como conquistándola con la cautela de quien sabe esperar; fijándose en detalles imperceptibles a los todos los ojos que no son de segunda mano. Acariciaba el filo de la hoja de una libreta en blanco, posaba los dedos sobre palabras ya escritas, como elevándolas y empujándolas a la vez hacía vagones en su mente. Absorto y seguro a partes iguales, le observaba colgarse sentado en aquella simple silla de algún acantilado en forma de interrogación; buscando "algo más" hasta en la aparente ausencia absoluta. Jugaba con el lápiz y yo le imaginaba construyendo minuciosamente un plan de ataque. Tenía que tener algún súper poder oculto, le reflejaba en la cara un brillo naciente del pecho. Domador de papel, quizá... explorador de la siempre imperturbable página en blanco. Como Dora, dije -pero a lo Bukwoski- y me reí. Se limpiaba los zapatos con la manga mientras susurraba no sé qué historias sobre inmortalidad y benevolencia, después volvía al folio.

Él era un raro, yo seguía siendo verde... ya sabéis,




.tobecontinued


11 de octubre de 2013

Los del Club de la Serpiente


"Donde tenemos razón no crecen las flores"

B. Prado

-






El tiempo, ofendido.

La patronal de los sueños

en huelga indefinida.

Los relojes... desangrados,

colegiándose como (re)cortadores del todo:

Oficiales anti-alegría,

Pirómanos de la locura.


La tijera disparando a los pies de la esperanza.


Inspectores de Karma dimitiendo en cadena.

Políticos, di-mintiendo hasta en silencio: 

eco

retorcido 

en forma de número, 

reventando cabezas.


El mundo, gato, echando los cerrojos.


El horno, sucio, cocinando la miseria:

ya no está para abismos.


Las palabras crujiendo de viejas...

Mutándome, el papel.



Teléfonos

que

no paran

de

llorar.



Manos

que

comunican...



Ojas,

de otoño,

en

blanco.



6 de octubre de 2013

B-needs

¡SEÑORES!

Barra libre.
Barra -libre- de labios.
Barra -libre- de sueños.
Barra, libre de miedos,
de libros,
libres.
Barra de bares,
llena de libres,
claro.

(H)aaay,
Barra -libre- de amor.

¡SEÑORES!

El amor;
locura;
todo.

18 de septiembre de 2013

Cor.





Yo que siempre fui palabra libre. 
Tú que nunca lo fuiste; ni te fuiste del todo.

Siempre creí de muy mal gusto eso de reducir al otro a una auto-mitad; a un "te quiero, nena" barato que casi siempre esconde un "para mí" en la guantera. Suena a magnate escogiendo a pie de barra americana; a escote con billete de 500, pero, por esta vez, no tenía intención de decir no a tu recogida de firmas... en lo alto de mi cuello; asumiendo un falso derecho a olvido (del resto) puesto en común en la junta organizada al final de tu espalda.

Diluímos en saliva aquel sentimiento tuerto; un sin sentido, pues éramos dos impares en un mismo sujeto: sujetos al mundo en un "continuará" y predicándonos en bucle entre tanto caos. Y es que esta esfera, hasta entonces, era la secuela de una peli que empieza mal y acaba peor que una de Rambo. Hazte a la idea.

Entre tanto término, no terminábamos de encontrarnos, así que probamos a jugar con destrucción masiva y no, no nos matamos, pero el desgaste toco hueso. Y en el fondo, sentaditos, una mañana cualquiera:
-hasta nunca- 
disparó rotundo, 
mi punto, 
a tus finales metódicos.

"What a pity, Annie" tranquilo, 
lo de que este drama nos lo fumamos a medias. 

Ya sabes, no siempre ha sido mejor lo de "menos es más", a veces las perdidas pesan como piedras grandes en los píes; joden como las pequeñas en los zapatos;
 y si se trata de flotar, el salvanoches auxiliar a la copa, 
siempre cuelga de mi boca.

Comenzaste a hablar y sonó el eco de un poema verde como el de Neruda, 
luego vinieron los reproches con sus sumisas comas:
mi muso el punto sentenció:

Vuestro lado "abismo" 
se ha enamorado del fin,
y ya sabes,
puedes besar a la novia,
ahora o nunca,
porque todo lo que termina... 
termina en mí... 
y ya,

¿no.

31 de agosto de 2013

Ambrosía





Se estaba quedando en los versos de una ciudad sin aire, 
desahuciada de estrellas; sometida
que apuesta su último cruce de luces al rojo de un par de ojos de gata, 
trasnochados y tristes, 
metiditos en un tiesto con buenas vistas 
al que llaman corazón; de arcilla.

Se estaba quedando en los versos de una boca ácida,
de lengua cargada,
que apunta envidiosa desde cualquier esquina
hacia tus manos: 
poesía noctívaga que mece.

Se estaba quedando en los versos
de esta lluvia que me carda los besos,
inquilina del eco...
pintada en contacto...
que destila recuerdos,
que restallan a mar.

Se estaba quedando en los versos
que habitan las suelas,
de zapatos ortopédicos
para sueños en rehabilitación
que abogan por el cortocircuito,
y cuelgan de las paredes 
made in bar marca "olvido",
siempre entreabiertos. 

Se estaba quedando en los versos
de una conversación de espejo
con otros "yo";
Debates sobre todo lo muerto,
circundando todo lo sencillo 
frente a un ventilador;
condenando a la gran ciudad 
a una hiperrealidad, 
calibre 22.

Como en un islote con forma de moneda
que declara guerra
a su propio filo;
error o pecado,
"concedido"
por antonomasia.

Y mientras, 
Nadie dijo:
-nada-
y esta ciudad naufragó,
sudando arcoiris
entre la prisa de
eso mismo:
la ausencia.

Y entonces,
en los versos ya desnudos,
el puto equilibro,
volvió a ser eso,

cosa del suelo
.

30 de mayo de 2013

Las cosas del leer.




El tiempo y todo lo relativo a éste es ironía de la más alta calidad. 
Lo digo pensando en mi abuela. 
95 años enraizada a la tierra como una heroína con forma de cactus… y así, seguramente se irá, con capa y de pie. Fuerza innata y un indomable ingenio resumido en un viejo continente de sabiduría, unos ojos preciosos y un despertar más temprano cada día. 

Leyendo Hemingway he vuelto a recordar la paradoja del tiempo; lo cierto es que a medida que uno se va  haciendo más mayor se despierta con una sorprendente, sobre todo para mí, facilidad colosa… estrenando el día cuanto antes mejor, como si se quisiera alargar cada jornada sutilmente y con ella, supongo, la vida.
Imagino esto como un reflejo más, inconsciente y propio de nuestra condición humana que egoístamente no quiere llegar a su fin. Que no quiere ahogarse en la nada o en el todo. Yo qué sé. 

Suena tétrico pero aquí, en esta esfera, la muerte, siempre ha sido tan real como desconcertante, por eso, a casi todos sus fichajes los prefiere con mal cuerpo y peor semblante a la hora del disparo final; va buscando sus peores fotos: el limpio reflejo del miedo; 
el sonido del último clic.

Hablaba del madrugar de los abuelos, sí, perdón… resulta que éste a su vez, es proporcionalmente inverso al caso del general y particular de los jóvenes del hoy: gran saco, vacío o no – ese es un debate a parte - en el que me incluyo. Tersos todos, como queriendo quemar la vida misma en una noche (o en varias) dejamos en “aquís” y “allás” sacos de vitalidad que caen por peso ajeno en un sumidero hondo y oscuro llamado -crisiseverywhereyparatodos- donde lo único que no falta es el cocktail de la casa: desilusión solita, o con hielo (invito yo) según el gusto del imberbe, vitalmente hablando, consumidor.

A mí, como a mí abuela, no me gustaría triturar mi tiempo enganchada a una pena que por lo menos, no depende de mí; que la vida a veces es sal en la llaga ya lo sabemos todos (o casi), ¿no? Pues que no pase un día sin que intentemos madrugar… (entiéndase por amar la vida a bocajarro, a las horas de cama les tengo un gran respeto) y cuando arda,
 ya me encargaré de llevar puesta nariz de payaso y patillas de colores, así, cuando me pille el "photofinish", siempre podrán llamarme ilusa...
 o gilipollas...
pero feliz o k ase.







10 de mayo de 2013

Señales


Y en el instante de aquel "nosotros", nevó en África.






Ejércitos de taras,
ratas invisibles,
a las ordenes del misterio,
se vuelven aguja de hielo;
queman ratos de amar&go y olvido;
cosen rotos de vaquero y corazón.

---


Como un ciempiés borracho 
en mitad de un baile de fusibles,
caminas a gatas, 
sobre un hilo fino de memoria;
goteando luz.

Una maratón de miedos 
avanza como legión de cangrejos, 
lento... pero mente a través,
reptando a lo "moonwalk".
hacia la ansiada meta: 
un pretérito perfecto simple en un pompa de alcohol; 
un pasado perfecto que derramar sobre un sábado en blanco.

---

Hay trafico fluido 
de recuerdos continentales 
mezclados con jetlag existencial; 
confinadas, mil hogueras, 
en cualquier rincón de mi casa.
Y nuestros sueños juegan al pañuelo
con respectivos fantasmas dominicales:
"agárrate a una vida y corre" 
se dicen, 
sin saber que el juego está perdido 
y nosotros, corruptamente des-ganados.

---

Sonó una canción a través del vinilo:
 Música Ciega.
Antony and The Johnsons
esmaltaba
nota a nota
ese asfalto de camino atropellado
al que el común llama "tiempo".
Mientras apuró el cigarro,
más rápido que nunca...
como todo, 
 estaba abocado a su fin. 

---

Desde la cima de si mismo, 
sobre una cama de altísimas y nubes, 
teje con pestañas 
un ovillo de tiempo.

Observa metida en la chistera,
 entre los bucles
de este planeta loco,
a la soledad
sola
y
extranjera de todo.
Indomable bala hambrienta,
forjada en metales preciosos,
tiene sed
y sangre
 en las comisuras de los labios.

---

La luna, 
a punta de pistola,
le apunta en la sien; 
y el, cielo, mismo
le interpela el alma,
le deshincha las fobias.


Le prende mecha a la lluvia,
 aunque hable en él los enredos
y
en una abolición total del todo, 
se sienta a esperar en el limite,
buscando algún
rayito de sol.
Mientras, sonríe 
y dice:


Ya nunca le veo por aquí,
Mrs. Problèmes.


28 de marzo de 2013

"corpomundi"





"(...) Y el corazón se siente en paz o se doblega
a una derrota cómoda sin heridas mortales."


No sé si sabes que cuando la piel se apaga,
se enciende la luz
de todo lo desnudo.
A la razón le da por soñar pasiones
y las manos,
en perspectiva,
se descamisan
el Corazón.
Construye el amor,
templos paganos de espuma
en tu espalda;
mientras el viejo orgullo,
se sacude el tiempo, calado.
Velando su propio adiós,
se tumba al sol
de la primavera
de tu costado.

No sé si sabes que entre la noche del abrazo,
y el amanecer de ojos,
voy descosiéndote los inviernos,
con historias del tren
que a duermevela,
nos llevará lejos.

No sé si sabes que una vez meditado el dolor, 
discutidos los numeritos, 
mentida la distancia,
pregonado el disparo...
estrenada la quietud de lo vivido y ahora muerto;
una vez despuntado el cuerpo;
coleccionado rotos en la memoria;
superados trece abriles
y una vez vendidas mil banderas a media "hastas"
& "luegos" enteros,


  es cuando,
  como 
 y
 donde

las palabras,
se vuelven refugio:
callejones sin salida donde acorralar sueños;
fotografías Polaroid de dos.
Se vuelven unidad de medida del beso
que abre y cierra todas las fronteras
y destierran lo incómodo 
de ese silencio metete que siempre habla en pasado perfecto
y no siempre lo fue...

Ironías, ya ves,
las hay de todos los colores;
como los versos.





18 de marzo de 2013

Tx









"She acts like summer,
and walks like rain."


Madrid
ha amanecido como desnuda; 
y nos ha pillado sin el cómo & enredándonos los huesos; 
sonando a Calamaro.
Solitos y flacos, nos hemos pillado, 
-los ojos-  
de niños pillos,
o pirados,
con seis letras; 
las de un -ven- y un -voy-
que son las mismas,
que las de tu abrazo;
que es, al fin y al cabo, el mío;
 la misma distancia que
separa 
tu magia, 
Cometa,
de mí, 
Radioactiva.

Nos hemos pillado;
subastando el cuerpo;
sabiendo que no sirve,
sin una mente detrás que seduzca;
sin unas alas que conmuevan.

Y han diluviado trapos, aquí, 
en las afueras; de la cama.
Han caído trombas de velocidad y sueños. 
Y la suerte ha prendido la mecha de la tormenta
 que ha estallado,
las ventanas de este bunker anti-mundo
disfrazado de puzzle de cuatro piernas. 

Al lado de la almohada, 
pap(i)el en blanco
una esfera de luz
recorriendo mis lunas,
recontando tus lunares.

Qué onírico, 
lo de besayunarnos,
encantando un lunes con 
rutina de viernes 
+
música 
a tormenta de verano; 
matándonos de amor;
.
rotos;
.
des-vertidos.

.


verás,
por lo visto, 

la plaza del plano amor,
está ahora llenita de cuervos,
jugando al olvido
con los ojitos de otros.

Y verás,
por lo visto,
Los especialistas en "segunes y dependes" 
maúllan de miedo,
en medio del mar;
mientras hacen rebotar 
prioridades 
sobre un agua
infecta
hasta ver como, pesad@s, se hunden.

Mientras, yo,
sujeto tu pulgar
y
pienso en la asfixia de los entonces;
de los antes;
y pienso en recetarles
contra el rencor
cuarto y mitad de palabras 
made in Ella...
De entrante:

"Todo pasa...y al final solo el amor,
cuenta."




25 de febrero de 2013






Érase una vez un cielo voyeur que ofrecía lluvia de alquiler a cambio de amor aguado.
Érase una noche, en la que yo me hacía de drogar y a ti te bastaba la vida misma para justificar cualquier pecado; tumbados en lugares intermedios, entre tu ego y el mío, contábamos latidos.
Érase una vez, un territorio comanche entre el todo y la nada, donde aún tirita, entre tiritos y canciones de Revolver, el fuego de un amor imposible con futuro.
Érase una vez, un hombre daltónico y una mujer de colores en un mundo negro disfrazado de sábana blanca; de fiebre de sábado noche.
Éramos una vez; dos, locos por beberse a bocados los restos de poesía que nos colgaban de los labios.
Érase la plenitud, impuntual, que llegaba ciega haciendo ruido a altas horas de la noche; vomitando gravedad, sin saber, que una vez, no hubo nada capaz de atarnos al suelo; nadie, una vez, capaz de separarnos.
Érase la vida, una vez, y la muerte, enrollándose en un piti de liar con los restos de piel sin tocar y nuestra ropa desgarrada; éranse nombres susurrados, continentes de calor en dos cuerpos; y palabras, subidos de tono.
Éramos un idioma universal de dos hablantes; éramos palabras, luego, una vez, éramos infinito.
Y se nos veía entrañablemente vivos.
Érase una vez, el lujo de ser, un problema que deja de serlo por no tener solución; nosotros, digo.
Érase una vez, nosotros siendo insufriblemente irresistibles al tacto del otro en la suma de sonrisa y silencio, previos a un gemido universal.
Érase una vez, un duelo de bocas hedónicas, helándose la carne en segundos a base del calor que hay detrás de un simple gesto con, cinco, sentido(s); detrás de un trastoque de boca con las yemas de los dedos dibujando una X; de anónimo.
Abro la mente y me encuentro de frente a mí misma escuchándome atentamente; dándome instrucciones de cómo quemar este manual de seducción de mentes; me veo atándome las manos, huyendo de todo/s que vean en mi voz estas palabras de amor exagerado; y es posible que nunca más las vuelva a escribir por miedo a la posibilidad de querer desmontarte cada día; cada hora y en cada esquina.
Aunque los buena hierba crezcan bajo mis pies y quieran salvarme a toda costa de tus cristales.
Aunque te escondas detrás de un sentimiento de culpa que no te crees ni tú.
Aunque te estés perdiendo el mundo buscando las Américas.

¿Sabes? la birra sigue igualmente,
con o sin ti,
guapo.

10 de febrero de 2013

Me.meces.





Llené tu salón,
desolado,
de piel, sol y hadas;
y entre actos,
me hice refugio
y balsamo anti cuitas.
Fui
 el ansiado ocaso
de cualquier lunes,
 en ruta
hacia esa astilla mental
a la que llaman desilusión;
Traje
vestiditos de choque,
tejidos en gloria salida,
con los que atropellar tus pasados,
de sonrisas pagadas a escote;
apagándolos.
Apuntalé 
vidas de alfil
con una tarifa infinita,
de ron despuntado en mis ojos.
Éramos
llam(d)as desnud-as,
y -os, nosotros,
deshicimos los nudos
  del "entre líneas"
del metro de Madrid;
de mi metro, (75), de poema,
 verde, como el de Neruda;
verde, como tus maneras.
Lloví colores, gris;
lo viste.
Encerré el pasmo,
en el culo del vaso de pensar,
recién colmado de amor;
y Red Label;
le puse a buscar,
(en tu) boca abajo,
 estrellas,
bajo el sol de un viernes noche.
El carmín advirtió:
"arriba las manos, abajo vaqueros"
tú miraste, sordo,
a quemarropa,
gritando un "nosotros"
y el eco contestó,
apuntando en el espejo,
"sí, vosotros"
con un rimmel
 loco;
 por correrse.



2 de febrero de 2013

Sírvase muy frío.

Y él dijo 
(en su idioma) 
:


Creo que empiezo a ser adicto a la cal de tu copa; siempre medio llena. 
Creo que empiezo a estar un poco harto del cartelito de aforo completo en esa vida que tanto te gusta arrastrar, niña. Y de los medios vacíos, que te riegan los oídos sin ni siquiera haber visto la magnanimidad de esos ojos cuando vas a llorar; cuando quieres soñar y no te dejan.
Empiezo a odiar los instintos de todos... los que te miran sonreír por la calle bebiéndote a sorbos cualquier capital; y empiezo a coleccionar todas las cervezas que te rozan los labios.
Empiezo a no poder con los taxistas, seguratas, porteros... poetas, músicos, profetas... camareros, copistas y demás, que te miran cuando hablas sin que te des cuenta. 
Empiezo a odiar querer todos tus putos matices; y los de tu boca; y los de tus manos.
Qué fácil pillarse los dedos con tu puerta de cristal. 
Qué fácil parece, lo de tu ruleta rusa con cartucho de veneno; lo de morder un corazón.
Y ya estoy abonado al nacimiento de babas en los bolsillos traseros de tus vaqueros; y me veo caer en cascada, embobado, sobre un colchón de horas... porque, no lo sabes, pero te espero colgado entre las cuerdas del reloj de tus paredes de acero, muñeca.
Me agota esta nada a la que te has vuelto adicta; porque te consume, cortada o con (mala) leche... mañana, tarde y noche, entre simulacros de incendio, o de insomnio, que casi siempre terminan en puntos de encaje y ropa interior suspensiva. 
Joder, tú brillando, y yo... pegado al cristal de tus gafas de cerca.
Y estoy cansado de ese tipo, general del cuartel de chicas tontas con medias -luces- de rejilla que ni te pega, ni te hace despegar. Te embarga la sonrisa y solo por eso ya me cae fatal. 
Me he alquilado un pisito entre tus "hasta luegos" y "ahora vuelvo"; desde ahí te observo no parar; te escucho, atento, no callar; te siento incombustible, encender sin querer esta hoguera cada día más. Y claro, ahora tengo que alquilar un par de fuegos de artifício para el teatrillo de rodar... con alguna corta de todo; pensando en ti.
Y aunque me sienta fatal que juegues a caminar con tus historias sobre mis brazos puestos en cruz, ya me he acostumbrado a que me hinques algún que otro dardo.
No soy un mártir, aunque seas mi martírio particular, pero sí, te tengo miedo.
Por eso los cortafuegos.
Por eso esta urna de cristal.
Por eso lo de tapiarte la boca cada vez que retuerces las piernas.
Por eso este "te miro pero no te toco"; por eso, este "te siento pero no te entiendo."
A secas, escribes y secas, de un pal-abrazo cualquier argumento; y entre los huecos de mis grietas, vas despejando las incógnitas. Yo que siempre he sido de interrogarme como en las pelis: detrás de un cristal opaco, con gafas de aviador, anillo opresor en el meñique y bigote a lo chicano; ahora me miro en el espejo y te veo reír al otro lado... me unto en sal las heridas, tú vienes; soplas; y te vas.
Y te piensas que pienso, que te has caído de un quinto y en verdad, sé que estás a cinco mil manzanas de mi árbol y no va a ser fácil traerte de vuelta al Paraíso; fueron muy bordes la última vez... tú que solo querías agarrar con cuerdas a los locos y con nudos, a los marineros.
Por eso, alejarme sin decir esto me agrieta; me abre las comisuras de los miedos y me obliga a punta de beso a carne viva, a tragar un poco más de ti; y así, con un par de textos enquistados y otras tantas contracturas, no proceso y voy crujiendo todos los reflejos que me recuerdan quién no soy... y quién eres tú; rompiendo todas estas putas cartas de recomendación, quemando los papeles que me manda alguna que otra desde las alturas...

Porque ya sé quién quiero ser de mayor; ya no quiero ser piloto, quiero ser contigo.





"Siempre he sido yo, sin ti, pero contigo"